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Revista
en línea Tia Zelmira
Enero 26, 2004
La semana pasada me fui
con unos amigos a un viaje culinario por Cuba. Eso sí, no tuvimos que pedir
visa en el consulado cubano ni en el de los Estados Unidos: no íbamos ni a
La Habana ni a Miami. Nos encontramos en Plaza Itskatzú, en La Guagua.
La verdad
es que nos transportamos a la Cuba de siempre gracias a la decoración, a la
música y a la comida.
Manuel, profesional en el arte de atender bien, nos recibió con unas
mariquitas (rebanadas largas de plátano verde fritas y servidas con mojito
cubano para remojar) aquella fue la entrada perfecta para lo que vendría:
tostones, croquetas, frituras, ayacas, masitas de puerco, camarones, bistec
de palomilla, vaca frita, boliche relleno, ropa vieja, chuletas y demás
cortes acompañados por congrí, frijoles negros, yuca con mojo y plátano
maduro pero… no sigo porque ya tengo la boca hecha agua.
La
decoración le da un ambiente muy cubano, lo mismo que el menú (simula un
periódico con anuncios de los años 50) y el mantel. Aquí todos los detalles
han sido cuidadosamente vigilados por la propietaria del restaurante Magda
Bruna, una cubana muy costarricense, que salió de la isla cuando tenía tres
años.
“Montados en La Guagua, harán un recorrido imaginario por nuestra patria
antes del año 1959; imágenes de las playas, el tabaco, su música, su gente,
su arquitectura son solo algunas pocas de las maravillas de ‘La Isla’ que
cautivan tanto el nativo como al visitante”, dice Magda, nacida en Santiago
de Cuba.
Original review publication can be found on the following link:
http://tiazelmira.com/26enero/index.htm
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